Barcelona, 9 oct (EFE).- Los nuevos bosques que crecen en las tierras abandonadas en Europa por el éxodo rural crecen más rápido y son capaces de secuestrar más CO2 de la atmósfera, pero este efecto podría ser temporal porque su madera es menos densa, lo que los hace más vulnerables al cambio climático.

Así lo concluye un estudio elaborado por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB), que publica la revista ‘Agricultural and Forest Meteorology’.

La investigación, liderada por los ecólogos del CREAF Raquel Alfaro-Sánchez y Josep María Espelta, demuestra que estos nuevos bosques crecen un 32 por ciento más que los bosques que ya existían, descontando los efectos de la edad o de la densidad del bosque.

Según ha explicado Alfaro, para crecer más rápido secuestran más CO2 de la atmósfera y podrían contribuir a mitigar el exceso de este gas en la atmósfera.

Según el estudio, uno de los motivos que ha provocado este mejor crecimiento es el terreno sobre el que se encuentran, ya que estos bosques nuevos han heredado un suelo más fértil fruto de las actividades agrícolas y ganaderas que se desarrollaban en el pasado.

Para hacer el estudio, el equipo de investigación extrajo testigos de madera de árboles en hayedos recientes (establecidos después de 1950) y de preexistentes (anteriores a 1950) en las comarcas catalanas de Osona y el Ripollès.

“Los anillos de los árboles fueron la clave para comprobar este crecimiento. Cuanto más anchos eran los anillos, más crecimiento acumulado había habido en el mismo periodo”, ha especificado Alfaro.

Los investigadores quisieron comprobar si este crecimiento más rápido comportaba, a la vez, algún efecto negativo, sobre todo ante el cambio climático, y el resultado fue que este crecimiento rápido hace que los árboles formen una madera un 3 por ciento menos densa.

“Esta madera menos densa deja los árboles en una peor situación ante condiciones climáticas extremas, como puede ser la sequía u otros eventos como las plagas o los vientos”, ha indicado este experto.

“De momento, los nuevos hayedos responden muy bien durante los años con abundante precipitación, lo que les permite resistir mejor peores condiciones los años de sequía. Sin embargo, este efecto puede ir disminuyendo o incluso desaparecer si se incrementa la reiteración de sequías, una situación más que probable en un futuro”, ha añadido Espelta.

El estudio advierte que los servicios ecosistémicos provistos por estos bosques “recientes” pueden ser muy transitorios, por lo que propone una gestión forestal que tenga en cuenta estas posibles diferencias entre bosques nuevos y preexistentes para garantizar su conservación en un escenario de crisis climática como la actual. EFE

La Vanguardia.

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